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Carta abierta a Alejandro Tiana, Secretario de Estado de Educación

Con el respeto que me merece la figura que representas en el organigrama institucional del Ministerio y apelando al rigor pedagógico que sé que te caracteriza, pues en nuestra Facultad he tenido ocasión de comprobar el cariño que profesas a la Escuela y cuanto ella representa (la entrevista que tuve ocasión de hacerte para el podcast “educación al dia” de la UNED, me dejó un agradable aroma al “recuerdo infantil” machadiano, y también quedó clara tu auténtica vocación de maestro), permíteme que te dirija esta carta, al haber sido presentado ya el Anteproyecto de LOMLOE  y, de este modo, hacerte llegar un tema que me parece importante tener en cuenta, porque sé que en tu caso no caerá en saco roto; muy al contrario, lo tendrás al menos presente.

Se trata de conferir el ahora más que nunca, necesario carácter social (socializador, podríamos decir) a nuestra institución escolar, desde la consideración que la norma haga de nuestra estructura escolar, a la Ley General que se prepara. Con la obra la educación social en la escuela, un futuro por construir” (CCS,2019), tuve ocasión de abordar en toda su amplitud, el alcance que esta cuestión puede tener en el marco educativo actual. Y en  el último Congreso Nacional de la Educación Social celebrado en Sevilla, en el cual participaste de manera muy activa  y efectiva, me consta, quedó patente la necesidad que tiene nuestra Escuela de imprimir como digo, un carácter verdaderamente social al sistema educativo, el cual nos permitirá como sociedad, abordar uno de los problemas de mayor envergadura a los que nos hemos enfrentado es este siglo veintiuno: la globalización social, la ruptura de fronteras culturales y el éxodo de los pueblos (en este país no podemos ignorar este problema, puesto que hemos puesto nada menos que toda una generación a disposición del mismo) provocando una enorme culturización, de la que  no podemos quedar al margen. Los ríos de tinta que a diario inundan los medios de comunicación confirman su imperante necesidad. De ahí la importancia que tiene, que una norma legal de tan profundo calado como es la que está a punto de promulgarse, deba matizarse con su contribución al beneficio de sus ciudadanos, al menos en este tema, ofreciendo recursos eficaces para la socialización. Conferir ese carácter a la ley, supondría integrar de manera definitiva la figura profesional del educador social en el sistema escolar, poniendo en sus manos la responsabilidad de normalizar la convivencia y, con ello, ofrecer a la sociedad los recursos básicos para esa normalización de las relaciones cotidianas. Además, supondría un gran avance para el sistema educativo, del que nos beneficiaríamos todos. Generando las bases sobre las que construir una sociedad que progresa en la humanización de la convivencia Así, en un futuro será posible racionalizar las relaciones. Cosa de otro modo imposible, si se carece de medios para ello. Ahora es el momento.

La LOMLOE estaba llamada a dar ese paso. Integrar la Educación Social en la escuela, supondría imprimir en nuestra educación la mayor transformación real que tuviera desde que la LOE abriera paso, a finales del siglo, a la generalización de la enseñanza en todos los ámbitos y estructuras de nuestra sociedad. De ahí vuestro encomiable interés en darle continuidad con esta nueva regulación.

Estimado Alejandro, no estamos para perder más trenes. Y no quiero por ello, que pase también este de largo; por lo que apelo a la reflexión y el debate que pueden (aún estamos a tiempo de conseguirlo), racionalizar una norma que no tiene por qué nacer cojeando de una de sus patas. Porque el soporte moral del sistema es importante. Tu sabes mejor que nadie, que la educación no es más que enseñar a caminar y dotar de recursos para que ese “caminante”  que es el alumnado, pueda deambular con equilibrio, apoyándose firmemente en el soporte que le dan, básicamente las tres patas en las que se apoya: la solidez de una buena, rica y profunda formación; la armonía en su personalidad, pero también y ésta es la tercera pata, la estabilidad en sus relaciones, en la convivencia. Por eso,  el soporte social, pienso que  no puede ni debe faltar en una ley de este nivel, aunque sólo sea por el calado que tiene y por el enorme beneficio que puede llegar a producir, pues su repercusión es grande y las consecuencias, inmensurables.