{"id":380,"date":"2016-05-01T00:00:38","date_gmt":"2016-04-30T23:00:38","guid":{"rendered":"https:\/\/www.quintanal.es\/blog\/?p=380"},"modified":"2020-04-08T01:10:44","modified_gmt":"2020-04-08T00:10:44","slug":"cuestion-de-educacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.quintanal.es\/blog\/2016\/05\/01\/cuestion-de-educacion\/","title":{"rendered":"Cuesti\u00c3\u00b3n de educaci\u00c3\u00b3n&#8230;"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000080;\">Estoy convencido que la educaci\u00c3\u00b3n se encuentra bien repartida por nuestro mundo. Conozco animales que van sobrados de ella, personas que la irradian con equidad e incluso queda espacio para familias que la dispersan y esparcen por doquier, haciendo verdadero elogio de su iniquidad. Yo que me tengo por persona observadora, les aseguro a ustedes que no hay m\u00c3\u00a1s que echar un ojo, en la cotidianidad de nuestras costumbres, para corroborar lo que les cuento. Es f\u00c3\u00a1cil encontrar referencias que confirmen ese reparto tan d\u00c3\u00adscolo conque aparece la educaci\u00c3\u00b3n en nuestra vida. Es as\u00c3\u00ad sencillamente, como espero demostrarles, pues educa quien quiere, no quien puede. Voy con un ejemplo; s\u00c3\u00b3lo uno, por aquello de que para muestra nos baste un bot\u00c3\u00b3n.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000080;\">Un s\u00c3\u00a1bado o cualquier domingo, tiene lugar, con mayor asiduidad de la deseada, esta escena que describo. Protagonista, una familia, com\u00c3\u00ban, normalita, de las que abundan: un matrimonio y sus correspondientes churumbeles. El restaurante, cualquiera de esos que gustan porque te tratan bien y adem\u00c3\u00a1s se come. Acostumbro a visitar este tipo de bistr\u00c3\u00b3, con mi esposa, porque es donde se consigue saborear la sencillez. Bien pues ah\u00c3\u00ad, ah\u00c3\u00ad mismo, situamos la escena. Nosotros, acabamos de llegar; nos encuentran a\u00c3\u00ban deleit\u00c3\u00a1ndonos con la decoraci\u00c3\u00b3n de la sala y ojeando la carta. La familia, esa de la que les hablaba, llega enseguida y ocupa la mesa contigua que evidentemente, es de cuatro. Sus peque\u00c3\u00b1os infantes, parecen muy graciosos desde el mismo momento en que entran, pues no tardan en ganarse al personal con muecas, sonrisas y cuantas caranto\u00c3\u00b1as pueden ser ustedes capaces de imaginar. Las hicieron todas, todas, seguro; derrochando cordialidad, hasta que el ma\u00c3\u00aetre con su llegada, consigui\u00c3\u00b3 igualarlos en simpat\u00c3\u00ada. Les saluda y atiende vistiendo una sonrisa con la que parece dispuesto a gan\u00c3\u00a1rselos tambi\u00c3\u00a9n a ellos (hasta aqu\u00c3\u00ad, nada que objetar, pues \u00c3\u00a9sta siempre debe ser la m\u00c3\u00a1xima del servicio).<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000080;\">Al lado opuesto del comedor, otro matrimonio, sin hijos, los est\u00c3\u00a1n ya sentando, esta vez, en silencio. Me llama la atenci\u00c3\u00b3n que la se\u00c3\u00b1ora lleve dos bolsos. Descuelga ambos al mismo tiempo y los deposita, uno en el respaldo de la silla y otro a sus pies, en el rinc\u00c3\u00b3n. El primero es muy llamativo, a la moda, de vivos colores y tama\u00c3\u00b1o espectacular, como no pod\u00c3\u00ada ser de otro modo. El segundo, en cambio, se me antoja m\u00c3\u00a1s recogido y discreto, si bien destaca en su cierre superior una arpillera, de color opaco, a juego con los tonos del bolso. No parece nada corriente, aunque s\u00c3\u00ad he de reconocer que es bien discreto.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000080;\">Como nos gustan los ni\u00c3\u00b1os, aqu\u00c3\u00a9llos, los angelitos, arrastran por completo nuestro inter\u00c3\u00a9s, y la conversaci\u00c3\u00b3n. Nos llama la atenci\u00c3\u00b3n, con qu\u00c3\u00a9 rapidez han sido capaces de colonizar el espacio de las mesas colindantes a la de sus absortos pap\u00c3\u00a1s. A ellos no les molestan, a juzgar por el feeling que ambos tienen con el m\u00c3\u00b3vil: lo devoran a dos manos y dos ojos. Pleno al cuatro. Los peque\u00c3\u00b1os, por su parte, al carecer de tecnolog\u00c3\u00ada, parecen estar m\u00c3\u00a1s interesados en el jugueteo a ras de suelo.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000080;\">Llega el primer plato. Para ellos, porque el nuestro ya lo hemos saboreado, en alterna conspiraci\u00c3\u00b3n con las miradas furtivas al exterior. Mientras esperamos el segundo, me llama la atenci\u00c3\u00b3n que al matrimonio del otro extremo, el ma\u00c3\u00aetre le est\u00c3\u00a1 tomando la comanda, m\u00c3\u00a1s atento a lo que sucede en la sala que a sus deseos culinarios. Todo normal, nada que destacar, aunque confieso mi intriga por saber qu\u00c3\u00a9 ser\u00c3\u00a1 lo que guardan en el segundo bolso. Lo ojean con frecuencia, quiz\u00c3\u00a1s m\u00c3\u00a1s de lo usual, as\u00c3\u00ad que no dejo de buscar indicios que satisfagan \u00c3\u00a9sta, mi curiosidad.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000080;\">Pero no puedo. Me distraigo sin querer. Los reto\u00c3\u00b1os que me han tocado como vecinos de mesa, concitan mi inter\u00c3\u00a9s, como si los tuviera con un soga atados a mi cara. No puedo despegar mi atenci\u00c3\u00b3n de sus andanzas. Sorprendido, porque el nivel del juego, lo han subido de altura y el tono de la voz tambi\u00c3\u00a9n, de modo que el sal\u00c3\u00b3n y alguna que otra mesa, est\u00c3\u00a1n ahora convertidos en su improvisado patio de juegos. Las sillas, ejercen de obst\u00c3\u00a1culos, en una carrera que ya me parece absurda, aunque a ellos da la impresi\u00c3\u00b3n de estar divirti\u00c3\u00a9ndoles. Y digo me parece, porque el comentario de mi esposa, consigue hacerme caer en la cuenta de la habilidad que presenta la madre de los juguetones, para hacer diana, clav\u00c3\u00a1ndoles una cucharada en toda la boca, sin despegar su mirada del display. Lo que eligieron debe ser muy sabroso, o al menos gustarles, porque la ni\u00c3\u00b1a se relame cada vez que engulle uno de esos ataques que le lanzan. Ellos a lo suyo. Parecen sordos pero no mudos. Resuena un grito feroz de \u00e2\u20ac\u0153estaos quietos\u00e2\u20ac\u009d y\u00e2\u20ac\u00a6 con las mismas, cada uno a lo suyo. De ese modo, el primer plato queda debidamente resuelto: sus padres a la faena y los infantes, campando a sus anchas, que tienen que demostrar lo alegre y feliz que es la infancia. Sin querer, cruzo la mirada con el ma\u00c3\u00aetre, pese a lo cual, \u00c3\u00a9l no me ve, pues los est\u00c3\u00a1 escrutando con ira contenida, lo que le hace ir perdiendo poco a podo la compostura y transform\u00c3\u00a1ndolo primero en camarero y luego en iracundo sujeto, incapaz de comprender lo que le est\u00c3\u00a1 sucediendo\u00e2\u20ac\u00a6 (hace ya un buen rato que se esfum\u00c3\u00b3 su sonrisa profid\u00c3\u00a9n), .<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000080;\">En el lado opuesto, el matrimonio del silencio, sigue pendiente del bolso, que ahora s\u00c3\u00ad, me deja entrever su contenido. O as\u00c3\u00ad lo interpreto por la blancura de una pelambrera: el perrito, como todos nosotros, quiere saber qu\u00c3\u00a9 es lo que est\u00c3\u00a1 sucediendo fuera. Dulce, tierno infante tambi\u00c3\u00a9n \u00c3\u00a9l, pero sometido al rigor que imponen el respeto y la buena educaci\u00c3\u00b3n. Ni mu (perd\u00c3\u00b3n, quise decir, ni guau) ha dicho, aunque ya no pierde de vista a su due\u00c3\u00b1a, en espera de que le pueda explicar lo que sucede. Ella se limita a corresponder con un gesto de silencio\u00e2\u20ac\u00a6 El personal, por su parte, est\u00c3\u00a1 tan pendiente de la guerra de los botones, que la sufren con resignaci\u00c3\u00b3n, ajenos a todo lo que es su entorno. Ni se han percatado de su presencia.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000080;\">De modo que, resuelto o quiz\u00c3\u00a1s saturado por el desconcierto de la situaci\u00c3\u00b3n, pido un par de caf\u00c3\u00a9s (el recurso del postre r\u00c3\u00a1pido, disimulado, para que no parezca que quiero hacer un mutis por el foro) y con enorme habilidad, pido la cuenta en la misma tirada. Mi esposa, que en eso es una lince, confirma la rectitud de mi decisi\u00c3\u00b3n con una leve ca\u00c3\u00adda en su mirada: necesitamos salir a respirar, pues los peque\u00c3\u00b1os, ya invaden incluso nuestro espacio vital, si bien, con parsimonia y laxitud, su padre es quien pone orden y nos colma de gratitud, al explayarse en un\u00e2\u20ac\u00a6 \u00e2\u20ac\u0153dejar tranquilos a los se\u00c3\u00b1ores\u00e2\u20ac\u00a6\u00e2\u20ac\u009d. Esta vez, quien \u00e2\u20ac\u0153pasa\u00e2\u20ac\u009d de ellos, es su madre, la madre que los pari\u00c3\u00b3.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000080;\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-381 alignright\" src=\"https:\/\/www.quintanal.es\/blog\/wp-content\/uploads\/2016\/04\/perrito-150x150.png\" alt=\"perrito\" width=\"109\" height=\"109\" \/>As\u00c3\u00ad que como podr\u00c3\u00a1n suponer, raudos y veloces, tomamos el caf\u00c3\u00a9 poniendo cuanto antes, tierra por medio. Y all\u00c3\u00ad dejamos al resignado matrimonio, a su curioso perrito, a los padres ilustr\u00c3\u00a1ndose y a sus peque\u00c3\u00b1os, saturando la paciencia del personal y todo el mal rollo que se pudo generar en un momento.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000080;\">Eso s\u00c3\u00ad, nuestro paseo se relaj\u00c3\u00b3, con la conversaci\u00c3\u00b3n. Ambos coincid\u00c3\u00adamos, como estoy seguro que puede suceder con ustedes, en el corolario de la escena: <em>todo es cuesti\u00c3\u00b3n de educaci\u00c3\u00b3n.<\/em> La familia, siempre educa. La familia, educa a los suyos. Sean ni\u00c3\u00b1os o perros, estoy convencido que da igual; es cuesti\u00c3\u00b3n de saber y querer educar. As\u00c3\u00ad que no alcanzo a entender c\u00c3\u00b3mo permiten a ciertos peque\u00c3\u00b1os, entrar a un restaurante, un lugar de solaz y deleite, higiene y respeto, en lugar de prohibir, casi sin fundamento, la entrada a ni\u00c3\u00b1os mal educados. Ay, perdonen, que lo he debido decir al rev\u00c3\u00a9s. Alg\u00c3\u00ban lapso de mi inconsciente, que sabe que prefiero a los perros que, recibiendo una educaci\u00c3\u00b3n igualmente v\u00c3\u00a1lida por parte de sus progenitores, son capaces de comportarse y estar respetuosos e higi\u00c3\u00a9nicamente cautos, en cualquier lugar p\u00c3\u00bablico; todav\u00c3\u00ada hay quienes no entienden que hacen mayor m\u00c3\u00a9rito para entrar y compartir la mesa, el comedor y casi hasta la comida,\u00e2\u20ac\u00a6. porque no salen de su bolsita. \u00c2\u00a1Ay, angelistos!\u00c2\u00a1C\u00c3\u00b3mo me gustan, estos animalitos cuando est\u00c3\u00a1n tan bien educados! Y miren que, como les digo, me gustan los ni\u00c3\u00b1os.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Estoy convencido que la educaci\u00c3\u00b3n se encuentra bien repartida por nuestro mundo. 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