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Ellos, cada día, hacen más social este mundo

Si una característica tuviéramos que señalar, para identificar la misión (y en ocasiones, también, la pasión) que mueve a las instituciones que en nuestro entorno realizan una labor social, no podríamos hacerlo, pues habría que otorgarles no una sino dos, un verdadero par. Sus mejores (y mayores) cualidades, entre otras muchas, han de ir inevitablemente unidas: la humildad y la convicción de su bondad.
Precisamente, humildad. Cuanto más social, más silenciosa resulta la labor, sincera, necesaria, callada y de profundo compromiso. Moralmente intachable y éticamente comprometida. No es necesario ir muy lejos para encontrar colectivos enteramente comprometidos. Están al alcance de la mano. Son vecinos, tuyos, míos. Y no hablamos de grupos de carácter religioso, ni con la ausencia de lo global, que no es. Los podemos señalar con nombres y apellidos, conocemos sus caras, sus manos, sus miradas. Porque son habituales; no en vano comparten con nosotros, cada mañana, el ascensor, el tren, el autobús o la espera en el paso del semáforo, cogen este mismo periódico, van al médico y hacen cola en el supermercado. Cada día, con su mañana, tarde y noche, con fines de semana, festivos, nocturnidad y constancia, les miramos de frente, captamos la mirada, limpia y seria de estos jóvenes. Y sepan ustedes que joven hay que ser para, con independencia de los años que señale el dni, estar convencido de poder cambiar el mundo, liarse la manta a la cabeza y comprometerse con el prójimo, depositando jirones de ternura, bondad y cariño, en el corazón del que es extraordinario, precisamente por menos favorecido. Desde su convicción altruista, en diferentes pueblos y también en los barrios de la capital, son bastantes los que optan por dirigir su vida, en esa dirección y contribuyen con trabajo, con presencia y entrega siempre voluntariosa, con resolución, a conseguir un mundo un poco mejor. Hacen de lo social, su profesión. Nos sorprenden por su simplicidad: lo único que tienen es ilusión, empeño, juventud, y un corazón tan abierto que van por ahí dejándolo a cachitos, en miradas, a manos tendidas, con sillas de ruedas, bastones, bandejas, camas y hasta sonrisas, las de su mundo próximo, inmediato, conocido, un mundo más real que cualquier otro. Ellos, sólo ellos, son los culpables de que podamos encontrarlo cada día un poco más humano. Y son muchos. Nos sorprendería saber cuántos. Pero, claro, pasan desapercibidos. Su labor también.
Lo social no les gusta ni a los políticos. Será porque los desfavorecidos, necesitados, no aportan. Por no aportar, ni votos, por eso son colectivos que caen rápidamente de sus presupuestos. Los mayores, cada vez son más mayores, los discapacitados, aprenden más y mejor, tanto que se normalizan, estamos viendo cómo las conductas disruptivas se controlan con gran efectividad y sus colectivos llegan a integrarse con naturalidad, la misma con la que conviven en el entorno cotidiano. De modo que nos pasan desapercibidos, pero claro, no basta con altruismo. El que ya están recibiendo de sus cuidadores, de los educadores, mediadores y animadores, de muchos orientadores, voluntarios y profesionales de lo social, capaces de satisfacer todas y cada una de las necesidades que el colectivo requiere: convivencia, cultura, desarrollo, estimulación, fisioterapia, interculturalidad, geriatría, alfabetización, sociabilidad,… Programas y proyectos, que con absoluta efectividad, deben ir añadidos a la cotidianidad de sus necesidades fisiológicas, alimentarias, sanitarias, higiene y atención. Como pueden suponer, los que se dedican a lo social, no se aburren. Son muchos los frentes que tienen abiertos, y que la sociedad no percibe como cubiertos. A no ser que no lo sean, porque entonces, molestan y claro, se evidencian. Imagínense por un momento que alguno de los estos colectivos perdieran esa atención. Visibilizarlos justificaría cualquier partida que administrativamente se les dedicara. Pero, claro, ahora, la mayor, en ocasiones la única, la reciben del altruismo de nuestros jóvenes.
Y esto nos enlaza con la segunda de sus cualidades. Su bondad, la gratuidad con que convierten en normal acciones, actividades, trabajos, que vistos en su particularidad, cualquiera calificaríamos de extraordinarios. No tenemos más que pasar una tarde en una residencia, o cruzarnos con un grupo de jóvenes que sacan de paseo a niños o mayores con alguna discapacidad, para enterarnos del modo en que son atendidos tantos niños, jóvenes y no tan jóvenes que llevan su vida en el filo de la exclusión; cárceles, drogas, violencias de diversos tipos, adicciones, limitaciones o excesos. Sólo a quien le toca, o simplemente conque le roce, también, sabe lo que esto supone. A nosotros, alguna vez, nos tocan el bolsillo, pero a estos jóvenes, que trabajan con ellos, lo que les han tocado, como digo, ha sido el corazón.
Terminemos levantando nuestra voz, reclamando una mayor atención para ellos. Y no sólo la que nos gustaría que les dieran los responsables políticos dotando de contenido las partidas presupuestarias, que sí, es necesario. Necesitan también el reconocimiento de toda la sociedad. Esta cultura del ocio, de la sociabilidad, de lo social, que ahora vivimos, es necesario que responda con responsabilidad de estos colectivos que ya se integran en la cotidianidad de la convivencia. En cada ayuntamiento, en cada asociación, en cada barrio, pueblo, grupo o asociación, todos y cada uno de nosotros, hemos de saber que atender estos colectivos debidamente, también nos beneficia. A ti, a mí, a todos, a cada familia, en uno u otro momento de la vida. Toda inversión será poca, pues ellos corresponderán, tarde o temprano y nos lo van a devolver en forma de atención y cariño. No nos cabe ninguna duda. Por eso, los necesitamos, porque son los únicos que cada día, hacen más social este mundo.

José Quintanal Díaz

Publicado en  EL MUNDO  edición CANTABRIA, el día 6 de Noviembre de 2013 (pdf)

La otra vuelta al cole

     Es tanta la publicidad con la que estos días nos bombardean la vuelta al cole, que acabamos por creernos su importancia. Se le confiere prioridad a la compra de los libros, del uniforme, la mochila, el ordenador o tantas otras cosas que precisamente, estas campañas consiguen el objetivo de «no desviar» nuestra atención del tema. Sí, lo digo bien, pues desvían la atención de lo educativo, para hacernos vivir una vuelta que los propios medios califican de no-traumática. Un año tras otro, hemos ido descubriendo lo problemático que puede resultar este cambio para todos…, para los niños, para sus padres, para los maestros… En algunos casos, parece tan fuerte la tormenta que llega con el mes de septiembre, que la inundación acaba por cubrirnos hasta la altura del bolsillo. Vamos, que queramos o no, hay que suavizar la inmersión escolar, para salir a flote. Menos mal que la moderna ciencia psicológica es capaz de echarnos un capote con el que cubrirnos al menos la cabeza y así, aguantar tal chaparrón…

     Aunque no lo crean, en cierto modo es así. El tema resulta tan importante, que esos «expertos» llegan para ayudarnos a resolver todos estos conflictos internos y así evitan que pueda ser traumático para los ciudadanos de a pie y a las empresas que viven de ello, también. Porque los damnificados somos… ni sé cuántos. Lo mismo empresarios que simples ciudadanos. Para muchos negocios, algunos grandes pero otros, quizá la mayoría, pequeños y hasta pequeñitos, familiares, terminar el mes de septiembre con cierto equilibrio en su balanza de pagos, supone respirar en ese último trimestre del año (y comer, y mandar a sus propios hijos al cole, y vestir y…, en algunos casos, hasta dormir). Para ellos, esta campaña es la clave de su subsistencia, les supone llegar a navidad. Así que no busquen grandes eslóganes que nos animen, porque un motivo así nos basta; septiembre resulta fundamental para muchos. Ahora, volvamos a la cuestión escolar y familiar, que es lo que nos ocupa.

     Sea como fuere, todos sin excepción, pasamos por el aro, yendo a la compra. Resulta interminable la lista: boli, rotus, tijeras, sacapuntas, regla…. hay todo un sinfín de cosas necesarias para ir al cole. Incluso, puede ser peor aún, si son los propios niños los que nos acompañan al centro comercial para realizar el avituallamiento, pues tienen un conocimiento más detallado de lo inservibles que están los materiales del curso anterior… Vamos, que acabaremos hasta etiquetando mecánicamente los libros que se forrarán con la última tecnología en plásticos, que no necesita ya cello transparente para fijar el protector. Y por ende preguntándonos cómo pusimos sobrevivir a los clásicos rollos de papel de forro, a la goma de milán y a la cajita de pinturas de madera. Hoy, se ha dado la vuelta incluso a la historia, en beneficio de una nueva economía escolar que contribuye a la modernización de la estructura familiar. Y eso que no mencionamos el pendrive, la caja de folfers o el hub de siete entradas. Esto último queda para los más avanzados, los mayores, vamos los que llevan un kit oficial que incorpora móvil-cuatro-ge.

     Esta es una vuelta al cole muy diferente. El problema que vemos en la campaña, que puntualmente nos llega todos los años a finales del mes de agosto, no es únicamente de carácter económico. También hay una vertiente social, quizás la que más debiera preocupar, no tanta campaña publicitaria… Podemos desentrañar su contenido valorando el protagonismo que corresponde a cada uno. Serán únicamente cuatro palabras:

     Una. La vuelta al cole, en primer lugar han de protagonizarla los propios alumnos, los niños y jóvenes, que están directamente afectados. El colegio les exige un estilo de vida, cotidiana, muy diferente al que hayan venido disfrutando en vacaciones. Han de disciplinarse los horarios, afinando hasta la puntualidad; organizar las jornadas, en virtud de sus tareas o responsabilidades que sea necesario cumplir; considerar la importancia del descanso, los buenos hábitos y la higiene saludable; y hacer que orden, esfuerzo o compromiso, sean vocablos que se incorporen con naturalidad. Los «mayorcitos» ya deben ser autónomos en su logro; en el caso de los alumnos pequeños, el compromiso del cambio radica en sus padres. Esta sí que es, por encima de las campañas, los materiales o la ropa, «su» campaña, su cambio.

     Dos. Los padres, porque también ellos «vuelven», no pueden inhibirse de su responsabilidad educadora. Ahora menos que nunca, el comienzo del curso resulta clave para sus hijos. Supone un cambio de tal importancia que en ocasiones acarrea desconcierto, indefensión, desorientación,… Es necesario estar ahí, para acompañarlos, orientar, canalizar, y ayudar su «réentrée». Y ya de paso, vendrá muy bien sentar buenos principios y así disciplinar los hábitos cotidianos y poner orden en la estructura familiar. Esto será educar.

     Tres. de un modo genérico, porque trasciende la obligación paterna y a materna, esa responsabilidad educadora corresponde a todos y cada uno de los miembros de la familia. A cada uno le pedimos que asuman su papel, en el contexto que le corresponda. Padres, tíos, abuelos, hermanos,… todos, y cada uno, educamos. Es necesario coincidir en los objetivos, de modo que todos sumemos con cada aportación. Nadie puede inhibirse. Cada palabra, cada gesto, cada permiso o cada mandato, el beso o la regañina, bien hechos, educan. Todos, todos, todos, tú y yo también. Nuestra actitud, en cada momento, educa, cada ejemplo también, el diálogo se construye y la buena educación la conforman muchos pequeños detalles, momentos y actitudes.

      Y cuatro, no podemos dejar fuera de esta responsabilidad a la sociedad en general. La vuelta al Cole, requiere un nuevo respeto social, a los maestros, a la profesión. En este momento como nunca, las cosas deben estar en su lugar, y entre todos hemos de conseguir que los conocimientos sean más importantes que los lápices con los que se escriben, los libros nos lleven a escudriñar su contenido, que los blogs nos sorprendan por su originalidad y que, al fin, las ideas acaben por encima dell nivel social de quienes las sustentan.

     El cole, ese cole al que nuestros niños ahora parece ser que vuelven, alberga nuestro futuro, y por tanto, es ahora cuando podemos hacer que ese mañana resulte multicolor. Hagámoslo, entre todos.

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Artículo publicado en El mundo Edición Cantabria
martes, día 3 de septiembre de 2013. Pág. 2 TRIBUNA / EDUCACIÓN / JOSÉ QUINTANAL.

LA TUTORÍA ESCOLAR

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LA TUTORÍA EN LA ESCUELA

Curso MOOC de Formación Profesional,

dirigido por José Quintanal Díaz (UNED)

[http://goo.gl/ABD8x] _____________________________________

DECÁLOGO TUTORIAL: Algunas ideas clave acerca de la tutoría escolar

LA TUTORÍA

Es necesaria e importante. Así lo perciben todos los agentes educativos, desde la perspectiva escolar y también desde la propia sociedad del entorno, que se siente fundamentalmente, educadora.

La auténtica pedagogía se fundamenta precisamente en una buena acción tutorial. El pedagogo/a se siente maestro/a, y el maestro/a desarrolla su magisterio únicamente en la relación interpersonal que facilita la tutoría escolar.

La tutoría ha de ser planificada de modo estructural en el sistema escolar. Tanto la administración y como todas y cada una de las instituciones educativas, que persigan la excelencia, cuyo objetivo sea desarrollar la mejor educación, han de estar convencidos que ésta pasa, indefectiblemente, por una buena acción tutorial.

Una buena tutoría escolar, ha de considerar el plano personal y el carácter grupal de la convivencia escolar. El individuo es un sujeto diferente, que requiere un tratamiento personalizado, el cual de ningúnb modo ha de ir desligado del grupo en el que enmarca el desarrollo social de la personalidad.

La tutoría debe presentar un carácter colaborativo, al que contribuyen todos los agentes educativos del centro de enseñanza. Sólo sumando esfuerzos, es posible conseguir una acción tutorial de calidad, efectiva y real.

 

EL TUTOR/A

La figura del tutor/a es un referente necesario en el crecimiento armónico de los alumnos. Por ello, es importante cuidar la relación que cada alumno/a tenga con su tutor/a.

El tutor/a juega un papel fundamental en el proceso educativo. No vale cualquiera para ello; se requieren una serie de cualidades, habilidades y destrezas y dotes personales. Éstas las otorga la vocación y la implicación personal del tutor/a en su función educadora.

El tutor/a nace y se hace. La vocación es necesaria en el proceso educativo pero requiere ser complementada con una formación específica para responder con eficacia a las necesidades tutoriales inherentes en la función docente.

 

LA FAMILIA

Es fundamental contar con el favor de la familia para conseguir una buena relación tutorial. No obstante, el tutor/a es un agente que complementa la educación familiar; el padre y la madre, los primeros responsables de sus hijos.

La relación familia-escuela, confiere sentido a la función tutorial. El tutor/a es un elemento complementario que enriquece la educación familiar. De igual manera que en el hogar se complementa la tarea educadora de la escuela. Ambos se complementan, por lo que es necesario establecer un vínculo de relación y colaboración entre ellos, para garantizar una educación adecuada.

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Curso de Inteligencia Emocional, Escuela de Verano de la UNED 2013

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Cómo desarrollar la inteligencia emocional en el ámbito educativo y en la vida cotidiana

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Centro Asociado de la UNED en PALMA DE MALLORCA.

Días 1-3 Julio 2013

La inteligencia emocional (i.e.) es la capacidad de reconocer y manejar nuestras emociones y las de otras personas para mantener relaciones positivas con nosotros mismos y con los demás. La i.e. es una de las habilidades que deben trabajarse en la escuela. Por lo general, no se prepara para la vida a nuestros alumnos y todos van a vivir en una sociedad no exenta de conflictos (interpersonales, familiares, con amigos, económicos, paro, etc) lo que hace que una educación de esta capacidad resulte no sólo importante sino básica y fundamental.

EL curso presenta una TRIPLE MODALIDAD en su desarrollo:

> PRESENCIAL: en la sede del Centro Asociado de la UNED en Palma de Mallorga,

> POR STREAMING: emitido por internet en directo (streaming) con acceso restringido para todas aquellas personas inscritas que no se desplacen a las instalaciones del centro asociado.

> POR INTERNET EN DIFERIDO: con acceso restringido. aquellas personas que se matriculen en esta modalidad deberán realizar un breve trabajo adicional.

Ponentes: Carme Cloquells Tuturí, Gerardo M. Fernández González, Isabel Corina Maciel Torres, José Quintanal Díaz y Pilar Tomás Gil. Lo dirige el profesor José Luis García Llamas, Decano de la Facultad de Educación de la UNED.

Programa: http://extension.uned.es/actividad/idactividad/4980

Memoria y reconocimiento individual, ahora mismo…

Tantos son los recuerdos que una llega a atesorar, tras muchos años de escuela… Ahora que ya disfruto la jubilación, ese dorado descanso que siempre había dibujado con lápiz de colores, y el paso del tiempo me fue transformando, primero en sepia, luego en en blanco y negro, afloran en el recuerdo escenas… reales, presentes, intensas, que han ido acompañándome y que ese mismo paso del tiempo no ha conseguido tamizar, diluir, en la experiencia acumulada. Hoy descubro que la vida en la escuela ha sido tan profusa en sentimientos, y la entrega, de maestros lo mismo que de alumnos, tan sincera, que la simple rememoración, se me hace realidad, vivida, y la debo expresar en primera persona del presente de indicativo. El ayer y el hoy se mezclan, y me confunden. Pero nunca lo hacen en términos de pedagogía, sino que son las ciencias humanas de la relación personal las que marcan todo mi magisterio. Incluso con cierto atropello, de modo apresurado, lanzo mi mano al frente, y en el aire retuerzo el gesto del puño, cerrándolo para, metafóricamente, atrapar ese tiempo pasado que dicen, siempre fue mejor. Me gustaría recuperar cuanto haya perdido, mejorar lo que generó insatisfacción, cambiar tantas lacras e incluso, perfeccionar… todo, porque todo, todo, se puede mejorar. ¡Ay!, cuán duro me resulta enfrentar ese tiempo irrecuperable, y encararlo en presente.

Discúlpenme ustedes, que no me haya presentado. Como una premonición, mi nombre es Soledad, pero me gusta que me digan «Sole» (Solita, no, por favor). Y se preguntarán ustedes, ¿quién es Sole? Está claro que yo. Habrán adivinado que he sido… ¿Por qué me habrá entrado ahora esa manía de hablar en pasado? Desde hace unos meses, concretamente, desde el verano pasado, mi lenguaje pareció volverse más rancio,y romper con una realidad que siempre encaré en presente. De modo que ahora,  toda referencia a la que fuera mi vocación, y profesión,  una entrega realizada con convicción y pureza en todos y cada uno de los pasos de su recorrido, de golpe, y, así, de golpe, sin saber por qué, me transforma el tiempo verbal, y espontáneamente, ahora lo conjugo en pasado. Me preocupa el tema….

¡Pues no! Qué contra. Será duro romper con la rutina después de tanto tiempo (aunque mis allegados me han oído negarlo, lo es, cuesta mucho), y quedarte cierto día, y el otro, y todos los siguientes ya, en casa. Dicen que es momento de júbilo. Pero no sé qué gracia le encuentran al tema; yo, por mi parte, me niego a ceder un ápice de mi sentimiento. Y el primero y fundamental, es que soy, me siento y por siempre, seré: Sole, esa profesora, pequeñita, a la que la vida le robó quince centímetros de altura, y que no ha dejado de reclamar lo que consideraba suyo. Amiga de mis amigos, compañera fiel, sincera y honrada por ellos. Pero por encima de todo, maestra (no puedo decir maestraescuela, porque esa especie, hace tiempo que la modernidad la extinguió; pero sí… maestra). ¡Qué bonita palabra! La he perseguido toda una vida…. Y ahora no voy a consentir que me la quiten. Pienso seguir siendo maestra por siempre jamás.

Comencé mi andadura cuando la vocación no se sabía qué connotaciones debía tener. Estudiar, no era más que una manera noble, digna y hasta elegante, de salir del pueblo. Sucedió tan pronto en mi vida, que los recuerdos de la infancia se fueron diluyendo con suavidad en el manantial de la adolescencia. Ahora, en la distancia del tiempo, me doy cuenta que, en cierto modo, pese a la inmadurez que me empujaba, yo sí debía tener cierta vocación. A mi modo. Y lo digo porque aún hoy, la Escuela, esa  ESCUELA, con mayúsculas, me llama; todos los días me sigue llamando de la misma manera. Quienes entonces me conocieron, decían que tenía buena mano para los niños; yo les digo que el paso del tiempo no lo ha perturbado… Entonces, simplemente me gustaban. No sé si fuera debido a un retraso de la infancia, o que aún no la había disfrutado suficientemente, el caso es que lo pasaba en grande jugando con ellos. Y ellos conmigo. Así que, como los entretenía, decían que se me daban bien. Esta ha sido una habilidad que he cuidado sobremanera toda mi vida. Los niños, incluso cuando éstos ya fueron adultos y también trabajé en la universidad, no dejaron de ser, en cierto modo, mis niños. Por eso digo que me gustan, y me siguen gustando de todos los tamaños, sexo, religión, raza y condición. Siempre he tenido buena mano para entretenerlos, y sacar lo mejor que cada uno llevaba dentro. Esta fue la forma que tuve de afrontar los estudios de magisterio, profesión a la que luego dediqué gran parte de la vida, y también el modo que tuve de encarar la mía propia, que siempre acompañó al magisterio: buscar el lado bueno, aflorar las destrezas, y reconocer que cuantas virtudes acompañan a cada ser humano, hacen más… llevadera la relación, y agradable la convivencia. Quizás por eso me refugié en lo que llamaban una vocación. Para mi fue el modo de pintar la vida con los colores del arco iris: estar siempre con los niños, rodeada de jóvenes, que son los que hacen ruido, en el bullicio. Nunca fue conmigo aquello del solaz y el sosiego.

Las malas lenguas me califican persona un poco (bastante) guerrera. Ellos no saben que, en realidad, lo que mejor se me daba siempre, era huir del conflicto. Con ese sentido conciliador y pacifista, protagonicé cuantas movidas pude y me dejaron. Era sencilla, sí, abierta y correndona, también. ¡Qué le vamos a hacer! Nací para vivir la vida con intensidad. Y lo he cumplido, sola o acompañada, según correspondía en cada momento, le apliqué a la vida toda la emoción y la intensidad que pude. Por supuesto que con discreción. Yo no era de grandes estridencias. Prudente. Estoy segura que esto, fue una ventaja en mi vida profesional, porque me permitió empatizar siempre con los alumnos: los comprendía, y compartía su inquietud.

En el magisterio, tuve la dicha de vivir en situaciones muy dispares, en contextos distintos y, sobre todo, conocer a personas muy, muy interesantes. Primero como estudiante, luego, como maestra que estudiaba, después como estudiante que trabajaba, más allá, una docente algo especial, luego, profe, siempre con iniciativas, aires nuevos, porque me atraía la vida con tal intensidad, que lo practicaba todo, y claro, no dejaba de sorprenderme a mí misma y a los demás. Eso sí, nunca perdí la cabeza, ni la razón. Todo lo hice, o al menos yo así lo entendía yo, con mesura. Y dentro de lo razonablemente útil.

De este modo, las experiencias se me han ido acumulando. No tenía tiempo para digerirlas debidamente. La reflexión me llevó a ocuparme siempre de lo inmediato. Y doy fe que nunca, nunca, dejé de mantener una actitud reflexiva en la pedagogía. Leí a los clásicos. A los otros, alguno, también. Debatí cuantas novedades asomaron a mi vida. Y ese debate me hizo acomodar, con el tiempo, la forma ver aquello que nunca mutó dentro de mí: el cariño y la comprensión por el que aprende. Me mostré abierta a los signos de los tiempos. Mi fe en el ser humano, superó todas las inquietudes, y cuestionamientos que aparecieron en un momento u otro. Ya veis, nada ha cambiado. Todavía hoy me gustaría conjugar la vida en futuro, rodeada de niños. No os engañéis, ellos son el único motor de la vida. Nada mejor que una jubilada, para saberlo.

El paso por la universidad tampoco consiguió modificar mi planteamiento aunque me deparó experiencias nuevamente sorprendentes. Al haber dedicado mis primeros años de experiencia docente a la escuela básica, cuando accedí a la superior, era tarde para lo que entonces se acostumbraba. Pero me acogieron; no sé si fue porque les caí bien, o porque les interesaba mi bagaje. La cosa es que he dedicado los últimos veinte años a la Facultad. Allí me encontré otro mundo, que tuve de entrada que comprender. Aceptarlo ya me costó un poco más (el espíritu rebelde, ya sabéis…). Lo cierto es que estaba muy confundida. Idealizaba la excelencia del saber, y por eso llegaba convencida de aportar cuanto se debía saber de la práctica; lo suficiente como para estar debidamente cualificada y poder teorizar en torno a la pedagogía del momento. Descubrí otra universidad. La cátedra siempre me resultó muy grande, e inaccesible; pero no por falta de capacidad, sino porque la academia tiene sus propias reglas y quienes me conocen saben que mi espíritu indómito choca con esta estructura. ¡Qué le voy a hacer! Mis convicciones siempre evitaron cualquier displicencia con la norma. En cambio, la convivencia nunca se me dio mal, al menos con los compañeros. Y debatir con ellos, incluso haciéndolo en tono científico, siempre me gustó. Hasta el extremo de buscarlo con cierta ansiedad. Tanto es así que lo mucho que aprendí, compensa el esfuerzo. Pero la ambición que el poder y el saber generan en el ser humano, acababa por chirriarme. Perfeccioné el ser; el poseer, en mi caso no iba más allá del mero conocimiento. Así que ese periodo universitario, redujo mis facultades, a expresiones puramente humanas, y humanistas. Hoy, con la mirada vuelta, de nada me arrepiento. Muy al contrario, mis publicaciones y mis clases, dan fe de un paso efímero, nada elocuente y bastante convencida de cuanto hice. También conservo amigos. Sobre todo eso, amigos, y de ellos me he llevado su cariño, su entrega y la fidelidad que siempre me profesaron.  Nada mejor puedo desear, pese a que mi duelo interno siga reclamándome que podía haber luchado con mayor ahínco y convicción por cambiar las cosas, yo me digo, no sin cierta sumisión, que ésa es tarea de jóvenes. Me quedo ahora con la memoria.

La memoria es el reducto que algunos, yo creo que por mantener el tono rebelde, consideran el descanso del guerrero. Por eso se defiende y hasta se justifica. En la distancia resulta agradable contemplar el pasado; verlo con cierta satisfacción y hasta creer que se hizo todo lo que se tenía que haber hecho. Así lo creo. y además, estoy convencida de ello. Ahora que el futuro descuenta mi tiempo, poniendome  en el retrovisor la vida, ésta se me antoja aún más placentera. El pasado, como si de un monitor se tratara, me ofrece en imágenes, todos y cada uno de los recuerdos, en tecnicolor, panavisión y hasta surround. Nitidez digital, incluso en 3D. Puedo tocarlas y sentirlas todas ellas, porque son mías. Evocan la que ha sido una existencia entregada a la enseñanza, que  me he empeñado en protagonizar. Y de este modo hoy, con este relato, pretendo recuperar la memoria, con sentido, como reconocimiento individual, y ofrecerla a cuantos pueda interesar. Lo hago del mismo modo como fue mi magisterio: oblación gratuita. Pues yo, por mi parte, al evocarla, me siento ya cumplida. Disculpad este absceso de individualidad; mi ego lo necesitaba. Prometo no repetirlo

London, 4-mayo-2013.

Quiero verte la cara… (post)

Uno de los elementos clave, que están cobrado importancia en la pedagogía actual, es la interacción educativa, en la que participan todos los agentes, protagonistas del desarrollo didáctico. Se habla de ella en términos de  comunicación socioemocional, lo que en cierto modo, le confiere carácter y sentido a esta relación. Lo que ocurre que, si se lleva a efecto basándose únicamente en la comunicación escrita, reduce el carácter emocional a la calidad expresiva del escritor, o a su voluntad por hacerlo de ese modo.

La mayor parte de las interacciones que tienen lugar hoy día, en la enseñanza a distancia (EaD), suceden de este modo. Sobre todo, las que tienen origen en el estudiante. Éste, no siempre cuenta con los medios ni con los recursos o la formación necesarias. Pero en la otra parte, desde la perspectiva docente, quizás estos medios técnicos parecen ir enriqueciéndose, cada vez más, incluso en este sentido, para apoyar el mensaje con la transmisión sonora y visual del que emite, y se expresa. De este modo ya existen muchas de las clases que dictamos o impartimos a través de la red, y qué frialdad transmiten cuando son remitidas a documentos en formato texto, páginas web, publicaciones impresas, etc. Por eso propongo, pido, solicito, a quienes interese, a quienes gocen de entidad y protagonismo en la EaD, a quienes cada día, bajo esta modalidad, enseñan, trabajan, profesionalizan la educación, que tomen en consideración mi sugerencia de aportar ese matiz emocional a la relación formativa (que también es social). Y lo simbolizo en la expresión que titula este artículo: «quiero verte la cara», «porque quiero captar tus emociones, sentimientos, ilusiones, empeños,… Y también los matices que eres capaz de transmitirme cuando me hablas y me enseñas». Quiero que tu clase, ya sea en directo o grabada, tenga «vida», o emoción.

Existen, como digo, medios y recursos que en el contexto de la educación a distancia pretenden, o persiguen, esa personalización de la interacción. Un ejemplo puede ser la ilustración de los foros con la imagen, fija, de quien se está expresando por ese medio. Pero no es suficiente. Hoy en día, la tecnología educativa también nos brinda medios  con los que asegurar que dicha relación goce de carácter dinámico:  la videoconferencia, una vídeoclase, chats de imagen, comunicación multicanal,… y otros muchos más. Una sencilla webcam y un micrófono, conectados a un ordenador con el software correspondiente, nos lo soluciona. A veces una simple cámara (hoy día hasta las fotográficas son grabadoras de vídeo), la tableta, o incluso el teléfono móvil, permiten poner en la red, en cualquier foro, nuestra palabra, acompañando la correspondiente imagen. Y hacerlo no resulta nada complejo. Modelos sobran, afortunadamente. El marco social que tiene quien dirige la Cátedra Unesco de EaD, a quien se destina este texto, es uno de ellos; pero abundan.

Reivindico pues, mi deseo de verte la cara, o de veros; aunque haga la reivindicación así, por escrito, no renuncio a ella. Porque una imagen vale más que mil palabras. No obstante, prometo hacer el próximo llamamiento, o la siguiente reivindicación, enseñándote, enseñando, mi rostro, aunque no sea ningún dechado de virtudes. Lo haré por coherencia, y porque podáis captar mejor, la vehemencia que ahora estoy poniendo en este manifiesto.

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(Post publicado en el Blog de la Cátedra Unesco de Educación a Distancia (CUED),
el día 23 de junio de 2012: http://blogcued.blogspot.com.es/)

Más allá de la Educación Universitaria a Distancia, está su función social (post)

La vida nunca se nos muestra con el rigor que presenta una moneda, que tiene dos caras perfectamente complementarias. No todo es blanco o negro. Lo que algunas veces resulta un hándicap, otras ocasiones supone una ventaja o un beneficio, si se sabe aprovechar. Y me estoy refiriendo a la Educación a Distancia, cuya mayor barrera es precisamente, salvar su distancia, sobre todo física, con respecto a los estudiantes, y mantener en la medida de lo posible, el nivel de oferta, medios y recursos que los pueda aproximar, mínimamente a las que tienen a su alcance los demás.

Pero como digo, no todo es negativo. A veces, la distancia, el aislamiento, la ruralidad de la institución universitaria, le permite a ésta, llevar a cabo una muy importante labor social. En primera persona lo conocí en mis tiempos de novel maestro (maestro-escuela, se le decía por aquellos lares), cuando la universidad me brindó la oportunidad de una formación superior, cuyo proceso me fue envolviendo de modo participativo en el desarrollo cultural de mi entorno cercano. Y no era ninguna excepción. Como yo, miles y miles de estudiantes, en todo el país, han podido acceder a la enseñanza superior, mediante procesos de aproximación cultural de la propia universidad. Su carácter “a distancia” es el billete que le permite llegar tan lejos, remotamente y contribuir de modo significativo al progreso de su entorno. Cada estudiante, un elemento dinamizador, perfectamente podía decirse. Gracias a esa implicación que tuvo mi querida UNED en los medios rurales, en el mundo del trabajo, en las comunidades en vías de desarrollo, el potencial humano se ha disparado, y sus egresados, hoy ya forman parte de cuadros de mando e intermedios, catapultados por su espíritu de trabajo y fruto de los medios que a su alcance dispuso un día esta universidad.

Este es un hecho que trasciende las propias fronteras, pues he podido comprobar que cada universidad a distancia, por el hecho de serlo, aprovechando su propia idiosincrasia, se vuelva como ninguna otra institución docente en el desarrollo social del medio, en virtud del compromiso que indefectiblemente adquieren sus estudiantes. En una visita reciente, a centros rurales, asociados a una universidad estatal latinoamericana, tuve el privilegio de constatar esa “labor” tan importante que, en la medida que es capaz de inculturizarse, la universidad aproxima su cultura y su ciencia a entornos deprivados, convertida así en agente regenerador que desarrolla una interesante labor social. En sus centros, estas instituciones cuentan con bibliotecas, recursos tecnológicos, materiales formativos, y de comunicación, y cuantas posibilidades se disponen hoy en día, en un centro formativo para conectarlo al mundo de la cultura y el saber. Esto es mucho, para poder intervenir en el contexto, y contribuir a su desarrollo. Pero además, se cuenta con un elemento más, quizá el más importante: personas implicadas. Los estudiantes de estos centros han salido de su propio seno, conocen como nadie sus necesidades, pues no en vano, las viven en primera persona, y están implicados, participando como nadie en su propio desarrollo; incluso, en algunos casos, llevan años trabajando por él, así que en el momento que cuentan con medios, se ponen en marcha con la mejor de las voluntades que es su compromiso personal.

De este modo, los Centros que en contextos sencillos están asociados a la universidad, transcienden su función formativa y desarrollan labores fundamentalmente educativas, con proyectos de mejora, inserción sociocultural, potenciación de valores, dignificación humana, inclusión, alfabetización,… desarrollo de primera clase, de calidad. Cultura no universitaria que convierte a la universidad en cultura de la vida.

Este es el mejor futuro que podemos auspiciar para la enseñanza superior a distancia: contribuir, significativamente, al progreso de los pueblos.

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(Post publicado en el Blog de la Cátedra Unesco de Educación a Distancia (CUED),
el día 13 de febrero de 2012)pinchar aquí.

El potencial de futuro que tiene la EaD (post)

Recientemente, tuve ocasión de visitar, y estudiar de un modo detallado, una de las universidades latinoamericanas de Educación a Distancia. Y he de mostrar mi satisfacción por lo que me encontré: el enorme impulso que esta modalidad de enseñanza está cobrando por aquellos lares. Precisamente, porque estoy convencido, como otros muchos antes que yo ya lo han manifestado, que ésta es una de los mejores aportes que se puede hacer a un país en vías de desarrollo, para estimular su crecimiento, y contribuir a la mejora de su sociedad.

En América Latina, más en unos lugares que otros, he comprobado que no resulta fácil estudiar. Pero no por eso, dejan de hacerlo. Muy al contrario, muestran un interés que ya quisiéramos en este lado del charco, para bastantes de nuestros estudiantes. Sobre todo, cuando se trata de poblaciones rurales, cuyo acceso a la cultura y a los medios, no resulta fácil, ni siempre posible. No obstante, la pasión por el saber, el compromiso con su cultura y la convicción de su responsabilidad social, mueve la iniciativa de sus estudiantes para salvar cuantos escollos, la sociedad moderna pone en su camino. Y lo hacen con sentido creativo, pues son  capaces incluso de positivizar las dificultades y aprovecharlas en el propio beneficio. Veamos un ejemplo: si algo ha supuesto la sociedad de la globalización, precisamente ha sido la generalización de las comunicaciones, de modo que un móvil resulta ya un bien primario para todo ser humano, pero en un contexto deprivado no permite mucho más que la comunicación interpersonal pues el acceso a las redes del conocimiento requiere conexiones potencialmente superiores que no existen. Las columnas y antenas de telefonía, satisfacen el servicio básico, y con cierta precariedad, en algunos casos. Pues he visto cómo en estos contextos, los estudiantes son capaces de crear sus propias redes de trabajo, donde desarrollan sus aprendizajes conjuntamente, lejanos físicamente pero estrechamente unidos en sus intereses por la telecomunicación. Como se ve, trabajan igualmente en red, y tengan ustedes la seguridad de que forman un conglomerado cultural que comparte ilusiones junto a dificultades y que son capaces de sumar esfuerzos en beneficio del mutuo conocimiento.

Otro ejemplo hemos podido verlo en el acceso que estas poblaciones (indígenas, en su mayoría) tienen a la cultura escrita. Convencidos del aporte que supone ésta, “se empapan” como otros estudiantes, en marcos más desarrollados, no hacen y, aprovechando sus potencialidades, memorizan, reflexionan y sobre todo, proyectan en realidades específicas, ese espacio de saber que les aportan los libros que a sus manos llegan.

Resulta modélico, cómo la dificultad estimula el afán de superación y esas condiciones sociales que, a priori pudieran resultar decadentes, son capaces por el contrario de regenerar el aprendizaje. Además, lo hacen con cierto carácter integrador, devengándolo, como decimos, no sólo en beneficio propio, pues es toda la comunidad de su entorno, allá en las montañas andinas o centroamericanas, quien se beneficia de sus estudiantes. Así se explica el carácter benemérito que algunos estados otorgan a estas universidades, pues responde a la proyección cultural que tienen sobre las comunidades circundantes. De este modo se estimula el desarrollo de los pueblos. Y hoy día, esta ya es una realidad de la que podemos hablar (yo iría más allá en el compromiso de estimular y ayudar)pues el potencial de la enseñanza a distancia, comienza a extender, en este marco americano, su abanico de posibilidades. Tiene por delante, un futuro muy prometedor, el cual, estas gentes, sencillas, recias y firmes, podrán protagonizar, con unas instituciones, educativas pero también educadoras que, convencidas de su misión, tienen la visión clara de los valores que son capaces de desarrollar.  Seguiremos comentando el tema.

(Post publicado en el Blog de la Cátedra Unesco de Educación a Distancia (CUED),
el día 8 de enero de 2012)pinchar aquí.

¿Progresa nuestra cultura, tecnológica? (post)

El recuerdo, por inmediato, nos lo confirma: la pasada década, la enseñanza estuvo determinada por el auge de las llamadas TIC, y no sólo en el contexto escolar, sino que la sociedad en general vivió una auténtica vorágine. Llegamos a identificar la normalidad de un hogar, con el hecho de contar con uno o varios equipos informáticos, al servicio de la cultura, y de la comunicación de la propia familia. Como consecuencia, todos hoy estamos conectados a algún terminal telefónico, y de igual modo, nuestros pequeños, tienen «su ordenador», que les «ayuda a hacer las tareas». Bueno, eso y a conectarse al mundo, como muy bien han aprendido de sus mayores (son aún pequeños para el móvil, pero dominan la grabación de la cotidianidad en vídeo, el potencial del youtube o la inmensidad relacional de las redes).

Hoy, todos, pequeños y grandes, parecemos vivir abducidos por el suave encanto del poder (tecnocrático), hasta el punto de no precisar la acritud aromática del papel que acompaña la lectura o la escritura, que se ha reconvertido por la vigorosa efectividad de la red. A nuestros niños, les ha pasado lo mismo. Su formación escolar, parece ir prescindiendo poco a poco del suave libar de las bibliotecas, rindiéndose también al encanto del todopoderoso. No hay problema, pues «en el internet, está todo». Hasta que el maestro, o la maestra, descubren el mimetismo de la información dulcemente «encartado» en sus tareas escolares. Y eso, no les gusta lo más mínimo; más que nada, porque ven cómo la competencia cultural de sus alumnos, se enquista en el plagio, lejos del interés formativo del pensamiento, crítico, autónomo, personal, que en esencia, debiera dar sentido a la enseñanza básica.

No obstante, esta que hablamos, es una realidad que, de algún modo, hemos de aceptar (¿?). Pero sólo hasta cierto punto, pues el estado de normalidad que deviene de la saturación de medios, revierte en procesos de aislamiento, que degradan la necesaria relación. Tanto la personal, propia de la libertad de pensamiento, como la social. Quizás en este momento podamos detenernos, y reflexionar acerca del verdadero aporte que ha supuesto esa tecnificación de los medios culturales y educativos, para el desarrollo humano. Les propongo hacerlo en dos aspectos, que me parecen claves: la universalización de la cultura, y la mejora de las condiciones de vida personal.

La tecnología podía, fácilmente, haber contribuido a generalizar esa cultura que, llegando a todos y hasta todos. No en vano, resulta un medio valioso para el desarrollo de los pueblos. Lejos de este objetivo, ha sucedido como ya pudimos ver que sucedía con la economía, que el reparto es desigual, distancia los pueblos y desequilibra el potencial de los seres humanos. Hoy, somos capaces de inundar los países menos desarrollados, de ordenadores, tecnología y medios. Pero los bienes de producción cultural, primarios, siguen en manos de los todopoderosos. La investigación, la producción y el control, no se han apartado ni un ápice, de lo que en términos de riqueza ha sido la propia historia del ser humano. La ingeniería o el conocimiento, sigue en el mismo sitio de siempre. La escuela es la única que puede cambiar esta inercia. La formación, es el arma cultural del que se pueden valer los menos favorecidos, para avanzar en su desarrollo. Claro, que no hemos contado con el hecho de que la ambición enraiza en el propio corazón del hombre. Sólo amando la cultura, en sí, es posible hacer una escuela de progreso.

Y en segundo lugar, podíamos hablar también de la mejora de las condiciones de vida. La tecnología, ¿esto es lo que nos ha deparado? La interpretación que hago desde mi experiencia personal, me lleva a considerar que, en la misma medida que los medios han aparecido en mi entorno, se han multiplicado las necesidades, y las carencias. Tomemos, a modo de ejemplo, el potencial comunicativo de estos medios técnicos. Tan pronto como nos es posible descargar recursos, han aparecido por un lado el comercio denigrante (les invito a ustedes a buscar una película, un libro o una canción por internet, verán el hartazgo comercial al que son sometidos, eso si, todo es gratis, a cambio, nada más, de aportar algún tipo de dato personal…). Y la escuela, pienso que también tiene en sus manos la capacidad de cambiar esa inercia. Porque el aula, puede educar en valores, de modo que la solidaridad, la gratuidad, el compartir,… sean los recursos que atajen el interés comercial, el particular individualismo o la ansiosa necesidad de conseguir mucho con poco esfuerzo, que se ha instalado ya, al amparo de tanto cable, tanto bit, y tanto medio.

La escuela puede, porque la escuela, si quiere, invierte en futuro. Esa mirada al mañana, debe hacernos cómplices en el presente, tomar conciencia de hacia dónde nos queremos encaminar, y coger el impulso necesario para, saltando las barreras, caer, como se dice, de pié, con recursos y medios bien asumidos e integrados. Pongo un ejemplo de buen camino, al respecto, para que no se me tache el artículo de determinista, pesimista, o cualquier otra «ista» que pueda surgir. En mi opinión, hay un campo, en el que la evolución tecnológica ha contribuido a mejorar la convivencia, y la vida del ser humano. Y es la comunicación. Hoy es más fácil que nunca estar «enchufados» a los otros. No cuesta contactar con cualquiera, incluso estando en la otra parte del mundo. Y es posible hacerlo, saltando las reglas de la comercialización angustiosa. O sea, gratis. Hoy, sí, en esto sí, los pueblos se acercan, las familias, se sienten próximas, y los humanos, muestran ese lado más propio de su ser. Y todo, gracias a sofware’s sencillos, accesibles y, lo mejor, libres. Este es un ejemplo, que la escuela puede aprovechar, para inculcar en sus pequeños, el suave encanto de la comunicación. Que será el que siempre le acompañará, pues es una necesidad consuetudinaria al ser humano,  y lo enriquecerá.

(Post publicado en el Blog de la Cátedra Unesco de Educación a Distancia (CUED),
el día 9 de diciembre de 2011).
Para descargar texto completo (pdf), pinchar aquí.

La comunicación, deber ser educada (post)

Hoy, más que nunca, la comunicación debe ser educada, si queremos que responda a ese sentido de interracción y relación interpresonal que, por supuesto, le debe corresponder.
Post disponible en Blog de la
Cátedra Unesco de Educación a Distancia (CUED)
>>> Descargar
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