La celebración ha sido muy merecida y hasta necesaria, disfrutando el ascenso de nuestro Racing a la Primera División, lo mismo que nos sucederá en próximas fechas, que disfrutaremos la colosal programación que nos depara el Campeonato Mundial de Fútbol. Pero tampoco está de más enriquecernos otro tipo de planteamientos, con perspectivas diversas, incluso más allá de la deportiva. Este año estamos disfrutando a lo grande.
Nos viene todo muy bien. Es bueno para nuestra región y para nuestra ciudad, contar con un equipo en lo más alto del escalafón. Como también lo es disfrutar de algún que otro magno-evento. Y no sólo desde el punto de vista económico, que parece ser lo primero que destaca; sino por el beneficio que aporta el propio deleite, pues nos permite ofrecer a nuestros(as) niños(as) y jóvenes, modelos con los que enriquecer sus aspiraciones. Supone poner ilusión en ese esfuerzo que supone a los pequeños y las pequeñas asistir al entrenamiento semanal o participando en un partido de las muchas liguillas que conforman las distintas categorías. Es un referente que, además, permite dotar de contenido nuestra cultura (regional) y con ello, otorgar valor (que no es poco) y sentido, a la práctica deportiva cotidiana. Ese es el verdadero beneficio: conseguir que asimilemos una verdadera cultura deportiva, de modo que el deporte entre en la vida, enriqueciendo nuestros valores.
Porque el deporte es algo más que un grito, algo más que un himno, algo más que unos colores o unos símbolos, es una ilusión (la que nos persigue) es, como digo, una cultura. De nada sirve preparar un gran estadio, para un magnífico equipo, si no contamos con una sólida base sobre la que conformar el futuro de este deporte. Se ha dicho hasta la saciedad que nuestros niños o niñas de hoy, son los jóvenes y mayores del mañana. Por eso, tenemos que cuidarlos, porque serán ellos quienes sustenten esa ilusión. De ahí que sea tan importante conformar una cultura de base, en virtud de la cual, trascender las cámaras de televisión o las páginas de navegación de internet, para alojar nuestra cotidianidad en un estilo de vida saludable.
Pero, hay aún más: en esta misión de popularizar la práctica deportiva, hemos de involucrarnos todos; unos con la práctica, otros con el seguimiento y todos implicándonos con mucho ánimo e interés. Este será el modo de hacer (construir) cultura (deportiva) y así será como la ilusión aflorará. Solamente así lo conseguiremos.
Ahora, permítanme amables lectores, que, dando cumplimiento a la máxima que popularizó el poeta romano Juvenal “mens sana in corpore sano”, haga un salto (quizás triple salto), desde la cultura deportiva a otro tipo de cultura, la escrita. Porque como bien nos dice, la una carece de sentido sin la otra.
En realidad, con la cultura escrita nos sucede lo mismo que con el deporte. Hay jugadores de primera, de segunda,… y, si nos lo proponemos, hasta de décima división. Lógico que así sea, porque no todos tienen (o tenemos) la misma destreza con la pluma. Pero esa diversidad, en realidad, supone una gran (enorme) riqueza. Contamos con escritores de reconocido prestigio (no olvidemos que la contribución de esta región a la historia de la literatura ha sido bastante prolija), del mismo modo que es muy rica a todos los niveles: internacional, nacional, regional o localmente. Unos más, otros menos, nos conocemos todos, y entre todos, hemos de conferir normalidad a esa diversidad, naturalizando tanta riqueza cultural.
Pues nos sucede lo mismo que con el deporte. Es responsabilidad de todos conformar una cultura específica de nuestras letras. En Cantabria hay centenares de escritores (ya sé que escribir, escribir, todos los mayores de seis años lo hacemos alguna vez; pero me refiero a los que escriben por afición o deleite). Los hay quienes lo hacen para su intimidad. Pero otros muchos, hacen partícipe de sus obras a la comunidad, al entorno cultural, publicando o dándonos a conocer sus obras en medios diversos. De ese modo, nos encontramos rodeados de propuestas bonitas e interesantes en todos los géneros. Pero lo importante y necesario es que todos, todos, lo asumamos y participemos, sintiéndonos responsables, pues tan importante es la labor que hace quien escribe, como el interés que pone el que lee o el clima que se genera cuando el entorno favorece, con actividades y convocatorias tan diversas como interesantes. Porque con su actitud, cada uno le conferimos valor (e importancia) a la lectura.
Hemos de reconocer que no sólo de nombres famosos vive nuestro conocimiento. Todo escrito, por sencillo o intranscendente que parezca, goza de valor y hasta puede despertar nuestro interés. Eso sí que es hacer cultura. Escribir un libro, un poema, un tratado, lleva su tiempo, y requiere mucho interés y una gran dedicación. Independientemente de que guste más o menos; siempre merece nuestro interés y, por supuesto, el máximo respeto. ¿Han presenciado alguna vez un partido de fútbol de niños o niñas? Ponen el mismo empeño, la misma entrega, o más, como cualquiera de los profesionales que tanto cobran. Por eso son tan divertidos. Pues lo mismo sucede con la literatura. Nuestro vecino(a), compañero (a)o amigo(a), pone en ese libro que acaba de publicar el máximo empeño y, por ello, merece nuestra atención. Esta es la cultura que nos permitirá trasponer el conocimiento de nuestros más humildes y entregados compañeros.
Si, al igual que venimos de una celebración deportiva, con las letras nos encaminamos en próximas fechas a otras citas literarias (podríamos citar la madrileña Feria del Libro lo mismo que nuestra interesante “Felisa”). Y ambas son necesarias. Una y otra. Tengámoslo claro; nos van a abrir el camino para luego llegar a un conocimiento directo, real, próximo y tangible de los grandes de la cultura (deportiva y/o literaria). Pero no olvidemos que, la cultura aún va más allá, se juega en divisiones inferiores con la misma profusión e ilusión que las superiores. Sigamos a todos y hagamos cultura entre todos. Es nuestra responsabilidad.

junio 8th, 2026
José Quintanal Díaz 
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Sabemos que, desde los años noventa, los Educadores Sociales vienen dedicando el día 2 de octubre, incluso confiriéndole carácter internacional, a darle mayor visibilidad a la profesión. Organizan actos de muy diverso tipo (son verdaderamente imaginativos), a lo largo de nuestra geografía. No fallan, asistiendo puntualmente a la cita. Por eso, los veremos este día, en nuestras calles, donde elevan su voz a la sociedad que les escucha (o al menos a esa parte de la sociedad que les quiere escuchar), convenidos como están de la contribución que supone para ella, su quehacer cotidiano.